Medicamentos para bajar de peso: mi mirada como nutricionista
Javiera VargasCompartir
Si estás usando un medicamento para bajar de peso, o estás conversando con tu médico sobre esa posibilidad, quizás te preguntes qué pasa con la alimentación. ¿Qué cambios necesitas hacer? ¿Cómo saber si tus comidas están cubriendo lo que tu cuerpo necesita? ¿Y cómo cuidar tus músculos durante el proceso?
El acompañamiento nutricional ayuda a trabajar en esas preguntas. Cuando el objetivo es perder grasa corporal, buscamos un déficit energético, es decir, consumir menos energía de la que el cuerpo gasta. El desafío está en lograrlo con una alimentación que siga aportando las proteínas y los demás nutrientes que necesitas.
El aumento de la obesidad ha impulsado la investigación de nuevas alternativas de tratamiento. Probablemente has escuchado nombres como Ozempic, Wegovy o Saxenda, aunque no todos tienen las mismas indicaciones. Cuando el equipo médico indica un medicamento, este puede formar parte de un proceso que también incluya alimentación, ejercicio y cuidado de la relación con la comida.
¿Cómo actúan estos medicamentos?
No todos los medicamentos utilizados para bajar de peso actúan de la misma manera. La semaglutida y la liraglutida, presentes en algunos de los productos mencionados, pertenecen a una familia llamada agonistas del receptor GLP-1. Imitan parte de la acción de una hormona que participa en la regulación de la glucosa y del apetito.
Su efecto sobre la glucosa se relaciona, entre otras acciones, con favorecer la liberación de insulina cuando la glucosa está elevada. Por eso se utilizan también en el tratamiento de la diabetes tipo 2, según el producto y su indicación. Ayudar a bajar una glucosa elevada no es lo mismo que provocar una hipoglucemia, es decir, que la glucosa descienda a un nivel demasiado bajo.
También pueden favorecer la saciedad y disminuir el apetito, lo que puede facilitar reducir la ingesta de energía. La respuesta varía entre personas: no significa que necesariamente sentirás muy poca hambre. El seguimiento médico permite evaluar sus efectos y si el tratamiento es adecuado para ti.
¿Cómo cuidar la alimentación durante el tratamiento?
Un déficit energético no consiste simplemente en saltarte comidas o reducir todo lo que comes. Importa cuánto comes, pero también cómo se combinan los alimentos para cubrir tus necesidades y qué tan posible es mantener esos cambios en tu rutina.
En consulta podemos revisar tus comidas habituales, las porciones y los horarios, y buscar ajustes que te ayuden a avanzar sin dejar de lado la calidad de tu alimentación. Las proteínas, las grasas, los carbohidratos, las vitaminas y los minerales siguen teniendo un lugar en ese proceso.
Si notas cambios en el apetito o aparecen molestias que dificultan comer, la alimentación también puede adaptarse a lo que estés viviendo.
El punto de partida es conocer qué necesitas, qué estás comiendo y qué ajustes tienen sentido para ti. Así podemos apoyar el déficit energético y cuidar el aporte de nutrientes, sin recurrir a restricciones innecesarias.

Cuidar la masa muscular también forma parte del proceso
Cuando bajas de peso, no siempre pierdes solo grasa. También puedes perder masa muscular. Por eso, durante el proceso importa cuidar la alimentación y darle a tus músculos un estímulo adecuado para mantenerse.
Cubrir tus necesidades de proteínas y sumar ejercicio de fuerza son parte de ese cuidado. Las cantidades y el tipo de ejercicio deben ajustarse a tu salud y a tus posibilidades: no hay una misma recomendación que funcione para todo el mundo.
Tus músculos te ayudan a moverte, mantener la fuerza y realizar actividades cotidianas. También contribuyen al gasto energético del cuerpo. Cuidarlos permite mirar algo que la balanza no muestra: cómo está cambiando tu composición corporal.
Además del peso, vale la pena prestar atención a tu energía, tu fuerza y cómo te sientes durante el día. La alimentación y el ejercicio se complementan para cuidar esos aspectos mientras avanzas en el tratamiento.
Los hábitos y la relación con la comida siguen teniendo un lugar
Comer no depende únicamente del hambre. También influyen tus horarios, el descanso, lo que tienes disponible en casa y cómo te sientes. Todo eso forma parte del contexto en el que intentas hacer cambios.
Por eso, en consulta también hay espacio para conversar sobre cómo estás viviendo la alimentación. Tal vez comes con culpa, te preocupan ciertos alimentos o pasas de restringirte mucho a sentir que pierdes el control. Si algo de esto te ocurre, merece atención y apoyo.
No todas las personas viven las mismas dificultades. La obesidad tiene distintas causas y factores que influyen en ella, por lo que el acompañamiento necesita adaptarse a tu situación y, cuando corresponda, incluir a otros profesionales.
Los cambios también tienen que encajar en tu vida. Si una pauta no considera tus gustos, tus horarios o el tiempo que tienes para cocinar, será difícil llevarla a la práctica. Trabajar en esos detalles permite encontrar alternativas que realmente puedas usar.
Un acompañamiento que pueda ajustarse en el tiempo
Durante el tratamiento pueden surgir dudas muy concretas: cómo organizar tus comidas, qué porciones se ajustan a tus necesidades o cómo incluir distintas fuentes de proteínas. El acompañamiento nutricional te da un espacio para resolverlas y revisar qué te está funcionando.
Lo que te sirve al comienzo puede necesitar cambios más adelante. El seguimiento permite revisar tu alimentación, tus avances y cómo te sientes, y ajustar el plan en lugar de esperar que sigas siempre la misma pauta.
Si en algún momento tu equipo médico considera suspender el medicamento, es importante conversar sobre cómo será ese proceso. Existe riesgo de recuperar peso, aunque no todas las personas evolucionan igual.
La obesidad puede necesitar atención a largo plazo. Los hábitos son importantes, pero también influyen factores biológicos y del entorno. Recuperar peso no significa simplemente que te faltó esfuerzo.
Contar con apoyo desde el inicio ayuda a trabajar en tu alimentación y tus hábitos, y a adaptarlos si cambia el tratamiento.

Una atención que considere a la persona completa
Cuando hay una indicación médica, un medicamento puede ser una herramienta valiosa para tratar la obesidad. La alimentación, el ejercicio y el cuidado de tu salud metabólica siguen formando parte del proceso, junto con tu relación con la comida.
En consulta, el punto de partida es conocer qué necesitas y qué está pasando en tu día a día. Desde ahí podemos trabajar en una alimentación que apoye tus objetivos, cubra tus necesidades nutricionales y sea posible de llevar a la práctica.
Ese acompañamiento se construye con ajustes y seguimiento. Tus necesidades y tu rutina pueden cambiar, y la forma de cuidarte también puede adaptarse.
Si estás en tratamiento y tienes dudas sobre cómo alimentarte, podemos trabajar en esos ajustes desde una evaluación individual, en coordinación con tu atención médica.
Este artículo comparte información general desde una mirada nutricional. No reemplaza una evaluación individual ni indica iniciar, cambiar o suspender medicamentos. Las decisiones sobre tratamiento farmacológico corresponden al equipo médico.